Previo al el lanzamiento de cualquier consola de nueva generación, con frecuencia se dice que esta será la "próxima gran revolución" de los videojuegos. Lo mismo se argumentó antes de la salida de la PlayStation 5, la Xbox Series X e incluso con la reciente Nintendo Switch 2. Sin embargo, cuando miramos hacia el pasado, más nos damos cuenta de que los dispositivos de antes permitían posibilidades que las consolas actuales no: uno de esos casos es la Nintendo Wii.
La Wii no fue la más potente de su generación, la cual compartió con la PS3 y la Xbox 360. Pero, contra todo pronóstico, logró superar a sus rivales en ventas y popularidad. Esto se debió a diferentes factores, pero, en especial, porque fue una consola pro consumidor, al incluir funciones adicionales que mejoraban la experiencia de juego. Uno de esos extra dejó obsoletas a las memorias USB, y el presente ni la PS5 o la Xbox Series X la incluyen.
La Wii y sus secretos
Uno de los motivos por lo que la Nintendo Wii alcanzó el éxito, fue gracias a sus capacidades retrocompatibles, ya que tenía soporte para los juegos, controles y tarjetas de memorias de la GameCube. Sin embargo, había otra ranura libre (justo debajo de la tapa del reproductor de discos) con varias funciones muy útiles y que hacía innecesario usar una USB.
A la entrada en la Wii que nos referimos es el puerto para leer memorias SD. Aunque fue un complemento que se aprovechó poco, servía para:
- Guardar contenido adicional en juegos.
- Generar una copia de seguridad para diferentes partidas.
- Expandir la capacidad de la consola.
- Realizar transferencias de fotografías y videos.
- Archivar las actualizaciones de los canales descargados.
Pero, ¿qué la hacía mejor que las USB? Pese a que la Nintendo Wii también con dos puertos para usar estas memorias, la consola leía las SD de forma nativa. Es decir, con la memorias SD había soporte compatible con sus prestaciones de almacenamiento, mientras que con las USB era necesario aplicar hacks o modificarlas con algún software para sacar su potencial.
Por lo general, las tarjetas SD venían formateadas en FAT16 o FAT32, unos sistemas de archivado que la Wii aceptaba sin problemas. Mientras que las USB estaban disponibles en NTFS o exFAT, lo que impedía su uso inmediato y en el peor de los escenarios, se podían corromper los datos o la información.
Las nuevas consolas y las memorias SD
Actualmente, las consolas modernas tienen discos duros o SSD internos, los cuales mueven datos sin depender de accesorios externos como las SD. Esto es algo que, tanto Microsoft como PlayStation, hicieron con sus dispositivos de séptima generación, dejando a la Wii como la única que lo hacía nativamente. Sin embargo, los jugadores agradecieron tener dicha alternativa en su Wii, y seguramente lo volverían a apreciar si las empresas la pusieran otra vez.
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