No ha transcurrido ni un año desde el estreno de 28 Years Later, y su secuela, la cuarta película dentro de la franquicia que inició Danny Boyle con Alex Garland, ya está en cines, titulada sencillamente como 28 Years Later: The Bone Temple. Siguiendo el relato de Spike, ¿es esta nueva película una entrada valiosa en la serie, o no alcanza el listón y se queda por detrás de su antecesora? La respuesta, como en toda apreciación artística, tiene sus matices.
Una pesadilla más contenida
28 Years Later: The Bone Temple es una secuela directa de la película anterior y nos narra la travesía de Spike en el preciso momento en el que este joven sobreviviente se encuentra con Sir Lord Jimmy Crystal y su grupo de matones. Obligado a unirse a la pandilla después de haber asesinado a uno de sus miembros, Spike enfrentará el reto de sobrevivir a los horrores sembrados por este grupo de satanistas y salir ileso en el intento.
La historia se siente mucho más contenida, más lenta incluso en su ritmo, pero igual de bestial.
Lo primero que llama la atención es que la película deja de centrar su atención en el elemento coming of age de su antecesora, y que el protagonismo de Spike se diluye ante la presencia de Jimmy Crystal, un diabólico personaje apenas explorado en la película anterior, y el doctor Ian Kelson, acompañado de su nuevo amigo Samson, a quienes ya conocimos bastante en la entrega pasada.
Curioso, porque Alex Garland sigue a los guiones, manteniendo ese énfasis en la tensión y el horror de un mundo postapocalíptico, pero Danny Boyle se ha bajado de la dirección, dando lugar a Nia DaCosta, algo que bien pudo influir más allá de los aspectos técnicos.
De esta manera, la película sigue a este triángulo de desventurados en una trama que termina uniendo sus caminos de manera más o menos fatídica. En este caso, la historia se siente mucho más contenida, más lenta incluso en su ritmo, pero igual de bestial en lo referente a su violencia y su mensaje.
Héroes y demonios en el camino de Satán
Quizá mi única pega vendría con el personaje de Spike, a quien vimos crecer de manera personal a pasos agigantados en la película pasada, y que aquí se muestra tan indefenso como en los primeros momentos de 28 Years Later. Y aunque Alfie Williams no lo hace nada mal, su desarrollo como personaje queda relegado, convirtiéndose en un lujo exclusivo para el Dr. Ian y el enorme infectado conocido como Samson.
The Bone Temple demuestra que el trabajo de Nia DaCosta no ha desmerecido en lo absoluto.
Mientras que este filme nos muestra una nueva faceta del Doctor, interpretado increíblemente por Ralph Fiennes como una especie de Robinson Crusoe melancólico, pero siempre un paso adelantado, sorpresivamente también nos entrega grandes momentos de humanidad con el ser que habíamos creído que la había perdido por completo: el gigantesco Samson de Chi Lewis-Parry. Ambos cruzan sus destinos, impulsándose mutuamente en una especie de crecimiento personal que involucra drogas duras y bailes en la colina, convirtiéndose en dos de los puntos más álgidos de esta obra.
En el caso de Jack O'Connell como Sir Lord Jimmy Crystal (inspirado, de manera retorcida y humorística, en el infame Jimmy Savile), nos encontramos ante un personaje tan magnético como deleznable: líder de una pequeña secta satanista, sádico y sardónico, agente del caos en un mundo que ha desaparecido tras la destrucción.
Así que las actuaciones son, en su mayoría, excepcionales, con Ralph Fiennes y Chi Lewis-Parry llevando la delantera en un reparto que, aunque algo desigual, logra mantener el nivel de tensión y complejidad emocional que exige una historia como esta.
El fantasma de Danny Boyle
Probablemente, la parte técnica y visual es la que más se ha resentido en cuanto experimentación: ya no hay escenas filmadas con decenas de teléfonos rodeando a los actores, ni planos aberrantes que rompen con el confort de la geometría. Pese a ello, la historia está bien contada y bien editada, demostrando que el trabajo de Nia DaCosta no ha desmerecido la batuta entregada.
Es una obra que invita a la reflexión sobre el ciclo interminable de violencia y supervivencia.
En este sentido, la película sí que destaca por la parte de sus efectos prácticos y el diseño de sus efectos especiales, con muchas secuencias sumamente viscerales en su violencia y en la recreación de un mundo colapsado.
Lo mismo ocurre con el sonido, y es que, además de tener un increíble soundtrack encabezado por una poderosa escena con una canción de Radiohead, el diseño de audio es denso y envolvente en su capacidad para amplificar el caos.
Es interesante el manejo que tiene la violencia en esta película, algo que comparte con su antecesora: aunque los infectados en general pasan a segundo plano, la violencia humana se convierte en casi una experiencia sensorial para el espectador, un festín de sangre que seguramente impactará a los mayores entusiastas del horror. Pero también, de alguna manera, está justificada tal brutalidad como la única manera de sobrevivir en un mundo derrotado y corrupto.
¿28 Years Later: The Bone Temple vale la pena?
Al final, 28 Years Later: The Bone Temple no es solo una secuela más: es un experimento que reconfigura lo que sus predecesoras construyeron, una propuesta arriesgada que se aleja del camino ya trazado para explorar nuevos terrenos, tanto narrativos como visuales. Y si bien la película pierde algo de la esencia emocional de su antecesora, compensa con una tensión renovada y un universo cada vez más oscuro y visceral.
The Bone Temple es una obra que invita a la reflexión sobre el ciclo interminable de violencia y supervivencia. ¿Pero esto hace que valga la pena la película? Depende de lo que busque el espectador en cuestión: si lo que quieres es una secuela más tradicional, probablemente esto no sea lo que esperas. Pero si estás dispuesto a enfrentarte a una experiencia impredecible y retorcida, The Bone Temple te dará justo el material que andas buscando.
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