Los avatares de Xbox, esas pequeñas representaciones digitales que durante años nos permitieron plasmar nuestra personalidad en el ecosistema de Xbox Live, están a punto de entrar en los anales de la nostalgia. Microsoft eliminó el editor de avatares debido al poco uso que recibe. Una noticia que, aunque previsible, deja un hueco en el corazón de quienes alguna vez disfrutaron de estas figuras.
Sin embargo, su legado no se limita a ser una herramienta de personalización o una función más de Xbox; hubo un momento en el que los avatares fueron mucho más que una simple apariencia o elemento de personalización: protagonizaron su propio videojuego.
El salto de los avatares al estrellato: Doritos Crash Course
Si mencionas los avatares de Xbox a cualquier gamer promedio, probablemente recuerden cómo podían personalizarse con ropa, accesorios y gestos, o su participación en los títulos de Kinect. Pero pocos saben que estos personajes también vivieron su momento de gloria en Doritos Crash Course, un juego lanzado en Xbox 360 que sorprendió por su concepto simple, pero adictivo. Este título no solo aprovechó al máximo el sistema de avatares, sino que también logró algo que pocos esperaban: ser realmente divertido.
Inspirado en programas como Total Wipeout y Ninja Warrior, Doritos Crash Course nos pone al mando de nuestro avatar para enfrentarnos a desafiantes circuitos de obstáculos. Saltos imposibles, plataformas móviles, y trampas diseñadas para frustrarte pero hacerte reír al mismo tiempo, eran los ingredientes principales. El objetivo era completar quince niveles llenos de adrenalina, esquivando caídas ridículas y luchando contra el cronómetro para conseguir el mejor tiempo posible.
La clave del encanto de este juego estaba en su capacidad de conectar con los jugadores a un nivel muy personal. No solo estabas manejando un personaje genérico, estabas viendo a "tu" avatar enfrentarse a todos esos retos. Ver a tu pequeño doble digital correr, tropezar y deslizarse por el escenario convertía cada nivel en una experiencia llena de humor y satisfacción.
Si bien el modo en solitario de Doritos Crash Course era entretenido, el verdadero corazón del juego estaba en su modo multijugador en línea. Hasta cuatro jugadores podían competir en los circuitos, y aunque los avatares de los oponentes aparecían como figuras de cartón flotantes (una decisión técnica que no dejaba de ser un poco extraña), esto no restaba ni un ápice de diversión.
La buena noticia para quienes quieran revivir esta experiencia (o experimentarla por primera vez) es que Doritos Crash Course sigue disponible en la tienda de Xbox y es compatible con Xbox One y Xbox Series X/S. Aunque han pasado años desde su lanzamiento original, el juego conserva ese espíritu desenfadado que lo convirtió en una joya inesperada del catálogo de Xbox 360.
Con la desaparición del editor de avatares, resulta inevitable sentir una punzada de nostalgia. Estos personajes representaron más que un simple añadido cosmético; fueron un símbolo de una era de Xbox que celebraba la creatividad y la conexión entre jugadores.
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