Hay pocos JRPGs que representen tan bien el género como la franquicia de Dragon Quest. Cada entrega de Square Enix es una aventura larga y profunda, con horas de combates por turnos y emocionantes historias. Pero la séptima entrega numerada de la saga es especial, pues contiene una de las tramas más legendarias de los videojuegos, que incluso ha tenido más de un remake desde su lanzamiento original en el 2000.
Este 2026 ha recibido una nueva versión pensada no solo para cumplir los estándares de la generación actual de consolas, sino también para llevar la aventura del Elegido de Estarda a un nuevo público. Su desarrolladora se ha tomado el trabajo en serio, y más que bonitos gráficos, ha hecho ajustes importantes, que nos hace preguntar: ¿Vale la pena Dragon Quest VII Reimagined?
Un clásico vuelve a la vida
Dragon Quest VII Reimagined es un punto aparte dentro de la continuidad de la saga, así como la mayoría de las entregas. Esto significa que no necesitas jugar ningún juego de Dragon Quest para entender de qué va el remake. De hecho, sus bases narrativas son sencillas: aquí seguiremos la historia del Elegido, un adolescente de la isla remota de Estarda que se presume que es la única en todo el mundo.
Sin embargo, el Elegido, a quien cada jugador le pone nombre, siempre ha tenido el presentimiento de que no son los únicos humanos en todo el mundo. Así que se embarca en un viaje por demostrarlo, junto con sus inseparables amigos, Maribel, quien es la hija del alcalde del pueblo, y Kiefer, el príncipe de Estarda. Un templo escondido en la isla los llevará a vivir aventuras por el tiempo, descubriendo cuál es la razón por la que su hogar es el único en pie.
Este es el pretexto perfecto para adentrarse dentro de peligrosas mazmorras llenas de monstruos y desafiar a deidades de su mundo. Como buena historia de fantasía medieval, en sus viajes conocerán a guerreros, magos, dioses y todo tipo de magia clásica del género. Y si bien es una gran leyenda la que cuenta el juego, la trama principal está compuesta casi en su totalidad de pequeñas historias contenidas en cada una de las islas que visitan los protagonistas.
Es un estilo que recuerda a One Piece, con una gran misión como motor principal de los personajes, pero con pequeñas historias auto conclusivas divididas en arcos, que cuentan con un principio y fin. En Dragon Quest VII, la mayoría no bajan del nivel de "olvidable", pasando por grandes personajes que se quedarán en la memoria de cualquiera pese a su poco tiempo en pantalla. En resumidas cuentas, una de las razones principales para jugar este remake se encuentra en su historia, que los veteranos de la franquicia han apreciado a lo largo de los años, y que se ha mantenido casi intacta y vigente hasta nuestros días.
Maribel y Kiefer cargan con el peso narrativo
No obstante, también es cierto que Square Enix no se ha limitado a contar la misma historia que hace 26 años: hay algunos cambios con respecto al ritmo, duración y profundidad de los personajes. Por ejemplo, el número de islas a visitar se ha reducido en buena medida, dejando la duración de la historia principal de 80 horas, que duraban las versiones anteriores del juego, a entre 40 y 50 horas.
Otros de los ajustes para Reimagined es la adición de escenas y momentos dedicados en desarrollar a los personajes. Hay cambios clave en la trama que si bien no revolucionan por completo la historia original, sí le dan un giro inesperado para quienes ya la conocían con anterioridad. Maribel y Kiefer siendo los dos únicos héroes con un arco claro de crecimiento, que nos dejaron maravillados cuando lo terminamos.
El gameplay se ha renovado, pero es un JRPG a la antigua
Sin embargo, tu tiempo dentro del videojuego se irá principalmente en los pilares del gameplay: la exploración y los combates por turnos. Como buen JRPG, y fiel a las raíces de la saga, Reimagined tiene su combate basado en el sistema más tradicional y simple de combates por turnos. Lo que significa que hay habilidades de elementos, golpes físicos, boost de defensa, daño, etc., y efectos nocivos como envenenamiento o mareo. Si has jugado algún otro juego del género, entonces encontrarás más que familiar este sistema. Incluso sentimos que le hizo falta atención por parte de la desarrolladora. No obstante, sí hay un par de mecánicas nuevas y rescatadas de las versiones anteriores que le dan capas de complejidad.
Combates por turnos clásicos y simples
Durante las peleas, tu equipo podrá entrar en un modo especial que otorga poderes adicionales o potencia sus estadísticas. Este modo se llama Frenesí, y se activa dependiendo de varios factores, como el daño recibido y ocasionado o el tiempo que has peleado sin él. Cada personaje puede tener dos Frenesí dentro de su set de habilidades y van de la mano de otra mecánica importante: las vocaciones.
Las vocaciones son el sistema principal de personalización de personajes, y permiten ajustar las estadísticas, set de poderes, afinidades y más utilizando una lógica de oficios. Por ejemplo, la vocación de Guerrero tiene una gran fuerza física y resistencia, con habilidades que giran alrededor de esa base, pero a cambio de sacrificar poder mágico. Son más de 20 vocaciones las que puedes elegir para cualquiera de los miembros del equipo, y conforme avances en la historia, podrás tener hasta dos de ellos activados simultáneamente en cada personaje.
El problema es el ritmo de progresión
Esta mecánica le aporta rejugabilidad a Dragon Quest VII, pues es necesario farmear experiencia para desbloquear el potencial que las vocaciones pueden ofrecer, además de que para tener todas a tu disposición deberás mejorar las vocaciones iniciales hasta el grado de Maestría. Eso sin mencionar la gama de posibilidades estratégicas que ofrece, pues cualquier personaje puede fungir el rol que necesites dentro del equipo, como el mago o el responsable de la curación.
Por más emocionante que esto suene, en realidad el conjunto de mecánicas no es tan divertido como aparenta. El problema está en el ritmo de progresión, el cual requiere demasiadas horas en ofrecerle todo el jugo del remake al jugador. De menos necesitarás avanzar las primeras 20 horas de la historia principal para desbloquear las vocaciones. Mientras, te esperan combates repetitivos con un sistema de combate tan básico como anticuado y nulas motivaciones para farmear más allá de la trama del Elegido.
Square Enix respetó demasiado el ritmo y progresión de Dragon Quest VII original, pese a disminuir las horas necesarias para terminarlo. Aun así, existen varios ajustes que pueden ayudar a sopesar la monotonía. Uno de ellos es la dificultad, que en su nivel 'Normal' no nos causó grandes problemas, viendo la pantalla de 'Game Over' apenas unas tres veces. Sin embargo, el remake ofrece capas de personalización en la experiencia que lo vuelven interesante, como que los combates tengan efecto de 'Cámara rápida', o que no regeneres magia al terminar las peleas, etc.
La exploración sigue las mismos principios
En un dilema similar se encuentra la exploración de islas y mazmorras. Cada una de las historias que cuenta el juego prácticamente tienen las mismas fases: llegas a una isla del pasado, la exploras para hablar con el líder, te encomienda acabar con el villano en turno y vas a derrotarlo en su guarida. En todas ellas tienes que 'ir de aquí para allá' haciendo recados, recolectando tesoros y matando monstruos.
La buena noticia es que el remake ha implementado unas cuantas amenidades para agilizar el proceso. Por ejemplo, puedes derrotar a los enemigos más débiles que tu equipo de manera rápida con atacarlos en la fase de exploración, sin la necesidad de entrar en combate. También hay vehículos que te permiten desplazarte entre islas con facilidad, como una alfombra mágica o hasta un orbe gigantesco que sobrepasa montañas, permitiendo entrar en zonas nunca antes vistas en la saga.
La situación se torna tediosa al momento de entrar a las mazmorras: en su mayoría, sus diseños simples se prestan para la pesadez, con habitaciones sin mayor chiste más que estar plagado de enemigos. Claramente hay excepciones a la regla, en donde algunos escondites de villanos cuentan con puzzles, que ciertamente son divertidos y desafiantes, rebosando ingenio en sus diseños. Lo malo es que no aparecen con la frecuencia que nos hubiera gustado, convirtiéndolos en las verdaderas reliquias dentro del juego.
Tal vez una mayor versatilidad visual y de actividades dentro de las mazmorras nos hubieran ayudado a que esas horas iniciales no se nos hicieran tan largas. Y pese a que la exploración también tiene sus propios ajustes para no hacerla repetitiva en exceso, el remake quedó a deber en cuanto a variedad de contenido. Los fans que ya jugaron Dragon Quest VII saben que este era el mayor de los problemas en versiones anteriores, y aunque ha mejorado, Reimagined no lo corrige en su totalidad.
Una sola palabra: hermoso
Los diseños de Toriyama son respetados y revitalizados
No mentimos cuando decimos que no fue tan gratificante explorar las islas en las primeras horas. Pero si algo nos motivó a continuar fue, indudablemente, su apartado visual. Traer de vuelta un juego con 26 años a cuestas para consolas de actual generación exigía una apuesta fuerte en este rubro, y Dragon Quest VII Reimagined sale bien librado. Los diseños originales de Akira Toriyama —el también creador de Dragon Ball— reciben un segundo aire que rebosa carisma, sin perder ni un gramo de identidad. Todo se siente fiel, respetuoso y, al mismo tiempo, lo suficientemente fresco como para justificar su regreso.
El estilo cartoony le queda como anillo al dedo a la historia: los personajes lucen renovados, pero sin cambios radicales; los enemigos presumen diseños ingeniosos y memorables; y los pueblos y castillos transmiten una familiaridad reconfortante. Cada escenario está lleno de color, sin obsesiones por los detalles. Puede que el ritmo tarde en despegar, pero visualmente el juego nunca deja de recompensar al jugador, recordándonos por qué este mundo sigue siendo tan especial décadas después.
Sin embargo, hay cambios en los diseños que debemos mencionar, como el ajuste al vestuario principal de Aisha o el color de algunos jefes finales. Como mencionamos, no son ajustes brutales que rompan con la esencia de Dragon Quest VII. No busca deslumbrar con realismo ni con músculo técnico, sino con personalidad y coherencia artística. Reimagined entiende perfectamente de dónde viene y hacia quién va: un homenaje visual a un clásico que sabe envejecer con dignidad, y que demuestra que el buen arte no necesita reinventarse por completo para seguir siendo relevante.
Además, la banda sonora original recibió una nueva interpretación, que prácticamente es la misma que escuchamos en PS1, con las mismas canciones épicas para las secuencias importantes y para las peleas. Eran clásicos que no necesitaban de ajustes, por lo que mantenerlo era un completo acierto. Para los fans nostálgicos, los efectos de sonido clásicos, como al ganar un encuentro o al recibir un objeto, fueron implementados al remake sin modificaciones, con un estilo retro que es sencillamente encantador.
Tenemos que hablar de los modismos
Es hermoso Dragon Quest VII Reimagined, pero hay un aspecto que está causando polémica en Latinoamérica: la localización de los diálogos. Desde la demo, Square Enix adelantó que los textos tendrían una importante presencia de modismos, con personajes diciendo frases como "chamaco", "huerco", "chamba" y más expresiones mexicanas. No todos comparten el gusto por ellos, y déjanos contarte que su presencia es importante, aunque bien justificada.
Los modismos son arriesgados, pero bien justificados
Para empezar, los protagonistas tienen cierta tendencia a los modismos mexicanos, que de inmediato saltan a la vista. Pero con el paso de la aventura, su frecuencia va disminuyendo paulatinamente, siendo muy escasos en torno al final del juego. Mientras, cada isla cuenta con una temática cultural diferente en los textos, que no solo se limita a expresiones mexicanas. Hay otros acentos, como el de Argentina, italiano combinado con español, francés, etc., que dan distintivos a cada historia. Nosotros aplaudimos lo arriesgado de la propuesta, siendo la localización con más modismos de los videojuegos, y que, entendiendo su propósito, para nada mermarán tu experiencia.
En cuanto al apartado técnico, el bello estilo artístico no limita la resolución ni el rendimiento. La versión de PS5, que es la que utilizamos para la reseña, los cuadros por segundo se mantuvieron en 60 fps, tanto en la exploración, peleas y cinemáticas. De igual manera, la resolución se mantuvo en 4K, sin caídas notables o recortes necesarios para lograrlo.
Otras amenidades que ofrece el remake son los ajustes de dificultad avanzados que, como mencionamos anteriormente, permiten moldear levemente la experiencia para hacerla accesible o más complicada. Puedes bajar o subir la agresividad de los monstruos en la exploración, recuperar vida después de los combates, obtener más o menos oro y más. Esto lo diferencia de cualquier versión pasada del juego, siendo una razón extra por la cual deberías darle una oportunidad.
¿Vale la pena Dragon Quest VII Reimagined?
Dragon Quest VII Reimagined es, ante todo, una carta de amor a un JRPG clásico que decidió mantenerse fiel a sí mismo, para bien y para mal. Square Enix entendió que la esencia del juego no debía tocarse de forma agresiva: su historia sigue siendo el mayor motor de la aventura, con relatos que, aunque irregulares, logran quedarse contigo por sus personajes y momentos clave. Los ajustes al ritmo, la reducción de duración y el mayor desarrollo de Maribel y Kiefer hacen que esta versión sea, sin duda, la más accesible y redonda que ha tenido el juego hasta ahora.
Pese a las carencias de ritmo, es un viaje que vale la pena emprender
Eso sí, no es un remake que busque conquistar a todos. Su combate por turnos sigue siendo conservador, la progresión tarda demasiado en mostrar todo su potencial y la exploración puede sentirse repetitiva durante varias horas. Reimagined mejora muchos de los problemas del original, pero no los elimina por completo. Aquí hay una experiencia que exige paciencia, tolerancia a la monotonía y gusto por los JRPGs de la vieja escuela. Si no conectas con ese ritmo, difícilmente el juego logrará atraparte, por más bonito que se vea.
Pero para quienes valoran la narrativa, el encanto artístico y el legado de Dragon Quest, este remake cumple con creces. Su apartado visual es precioso, la música sigue siendo inolvidable y las opciones modernas de accesibilidad lo convierten en la mejor forma de vivir esta aventura en 2026. Dragon Quest VII Reimagined no pretende reinventar el género ni corregir todos sus vicios, pero sí preservar uno de sus relatos más emblemáticos con el respeto que merece. Y solo por eso, sigue siendo un viaje que vale la pena emprender.
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