Juego de mundo abierto de disparos con miles de armas y divertidísimos protagonistas. Acaba de tener película

Ayax Bellido

Editor

Cuando una franquicia tan querida como Borderlands da el salto al cine, existe siempre ese miedo instintivo a que algo del espíritu original se pierda en el camino. La película, estrenada en 2024, confirmó ese temor: un desfile ruidoso y desordenado que dejó a muchos fans con la amarga sensación de que Pandora, ese planeta caótico, hostil y delirantemente divertido, había sido reducida a una caricatura sin encanto.

Y, sin embargo, en un acto de justicia poética que pocas veces ocurre en la industria, Borderlands 4 llegó justo a tiempo para limpiar el paladar. El juego, lanzado el pasado 12 de septiembre, reivindica la esencia de la saga y la lleva más lejos que nunca, devolviendo a los fans la confianza perdida y recordando al mundo por qué esta franquicia alguna vez redefinió el género looter-shooter.

Un regreso digno y necesario para la saga

Gearbox se adueña de su fórmula con una seguridad que se siente casi desafiante. Borderlands 4 se siente ambicioso, explosivo y técnicamente imponente, en una combinación de humor, caos, diseño impecable y una escala que solo es posible gracias al hardware de nueva generación, elevando el looting a una experiencia casi ritual. Millones de armas ya no es un eslogan exagerado: es una realidad tangible, un océano infinito de opciones donde cada disparo puede convertirse en una historia y cada pistola parece tener vida propia.

El arsenal es, sin exagerar, una de las grandes proezas técnicas del juego: nuevas Casas Fabricantes introducen mecánicas únicas que hacen que la forma de combatir sea variada, desde rifles que combinan elementos fijos como ácido y electricidad, hasta armas cuyos sistemas de munición mutan en medio del tiroteo.

El combate, por su parte, fluye con una velocidad que solo las consolas actuales pueden permitir. Borderlands 4 se mueve con un framerate que roza lo absurdo, indispensable en un mundo donde cada encuentro parece diseñado para desatar un carnaval de explosiones, habilidades y enemigos que no te dan un segundo de respiro. La verticalidad se ha convertido en una pieza clave: agarres, dobles saltos y nuevas skills permiten recorrer los escenarios con un dinamismo casi acrobático. Esto refresca la jugabilidad y redefine la estrategia en cada combate, dando la sensación de que el suelo ya no es el único campo de batalla.

Nuevos cazadores, misma esencia

Si algo siempre ha distinguido a la franquicia es su elenco de Vault Hunters, y esta entrega no es la excepción. Los cuatro nuevos protagonistas llegan con historias completamente nuevas, habilidades frescas y una personalidad tan exagerada como entrañable. Gearbox ha optimizado el sistema de progresión con árboles de habilidades modulares que permiten combinaciones más profundas y creativas. Dos jugadores con la misma clase pueden terminar con builds radicalmente distintas, lo que alimenta la rejugabilidad y el caos cooperativo que tanto define a la saga.

La expansión del universo también merece mención especial. Borderlands 4 abandona muchos de los territorios familiares y se interna en sistemas solares inexplorados: ciudades flotantes de estética cyberpunk, junglas bioluminiscentes, desiertos cristalinos con arquitectura Art Decó y planetas que parecen sacados de una novela pulp de los años 60. 

El estilo cel-shaded (característico de la saga), conserva su identidad, pero luce más detallado, vibrante y dinámico gracias a efectos de iluminación y partículas que convierten cada explosión en un pequeño espectáculo visual. Es, sin duda, uno de los Borderlands más bellos jamás creado.

Frente a este despliegue de ambición, resulta casi irónico que la película quedara tan corta. Donde el filme falló en capturar la esencia, el juego la desborda. Donde el cine redujo la personalidad de la saga, Borderlands 4 la amplifica con descaro. 

Puede ser un recordatorio contundente de que esta franquicia nació para el videojuego, no para la gran pantalla. Y quizá, sin proponérselo, también es una declaración de intenciones: Borderlands 4 no solo vence a su propia película; la supera y corrige. Es un regreso triunfal al caos que los fans conocen y aman, un homenaje al ADN de la saga y un despliegue técnico que roza lo extravagante, y sin duda, uno de los mejores shooters que nos ha dejado el 2025. 

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