La maquinaria de Dragon Ball vuelve a ponerse en marcha en el terreno del anime con el anuncio oficial de Dragon Ball Super: The Galactic Patrol, la nueva serie que marca el regreso de la franquicia animada tras varios años de ausencia. El proyecto reactiva una de las marcas más influyentes del entretenimiento japonés y lo hace apostando por uno de los arcos más celebrados del manga moderno, ahora bajo la supervisión directa de Toyotaro.
Un nuevo enemigo para los guerreros Z
A diferencia de sagas anteriores, esta nueva etapa propone una amenaza radicalmente distinta para Goku y los guerreros Z. En esta étapa estamos ante un antagonista que rompe con las reglas tradicionales del universo Dragon Ball. Su nombre es Moro, y su sola existencia plantea un escenario mucho más oscuro y desesperanzador que cualquier conflicto previo.
Moro, conocido como "El Devorador de Mundos" (su mote por sí mismo ya nos dice de lo que es capaz), es el villano principal del arco llamado Prisionero de la Patrulla Galáctica, desarrollada en los capítulos 43 al 67 del manga de Dragon Ball Super. Su historia se remonta a más de 10 millones de años atrás, cuando sembró el terror en el Universo 7 al extinguir civilizaciones completas con un único propósito: absorber su energía vital.
A diferencia de Freezer, Cell o Majin Buu, cuyo objetivo estaba ligado al dominio o la destrucción, Moro funciona como una fuerza de consumo absoluto, casi como un fenómeno natural. De hecho, su derrota original no fue producto del poder físico, sino de un sacrificio divino: el Gran Kaioshin logró sellar su magia a costa de perder gran parte de su propio poder, confinándolo en la Prisión Galáctica.
Sin embargo, el paso del tiempo debilitó el sello, permitiendo que Moro recuperara parte de sus habilidades y eventualmente escapara, dando inicio a los eventos de la saga que ahora llegará al anime.
Un villano con poderes antiguos
Lo que convierte a Moro en una amenaza especialmente peligrosa es su naturaleza mágica. Sabemos que en el universo de Dragon Ball casi todos los conflictos se resuelven a través del Ki y el combate directo, pero Moro introduce una lógica distinta. Su habilidad más temida es la absorción de energía vital, que no solo le permite fortalecerse de manera constante, sino que debilita progresivamente a sus enemigos sin necesidad de atacarlos directamente.
Además, este villano puede manipular la energía del entorno, utilizando planetas enteros como armas. Lava, fuego, explosiones naturales y fenómenos geológicos se convierten en extensiones de su voluntad. Incluso su capacidad de detectar energía vital a escala galáctica lo coloca en una posición estratégica sin precedentes, anticipándose a cualquier movimiento de la Patrulla Galáctica o de los propios guerreros Z.
Narrativamente, Moro también rompe con el arquetipo clásico del enemigo: su diseño, inspirado en figuras mitológicas como Baphomet o el dios Pan, le da una presencia mucho más siniestra y perturbadora. Su forma con apariencia de cabra antropomórfica, refuerza esta sensación de criatura ancestral y ajena al orden natural del universo.
La llegada de Moro al anime representa un cambio importante para Dragon Ball y por ello la expectativa que leventa con un simple anuncio. La saga deja de centrarse únicamente en las escalas de poder y se adentra en un terreno donde la fuerza bruta ya no es suficiente. Goku, el símbolo eterno del progreso a través del entrenamiento, se ve obligado a enfrentarse a un enemigo que no puede derrotar solo con golpes.
No es casualidad que la saga de Moro sea una de las más esperadas por los fans. Hasta ahora, su historia había permanecido como una joya exclusiva del manga, elogiada precisamente por ofrecer un villano distinto y menos predecible. Con Dragon Ball Super: The Galactic Patrol, el anime finalmente se atreve a explorar un conflicto que pone en jaque las bases mismas de su universo.
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