Durante gran parte de su vida profesional, Satoru Iwata fue más que el presidente de Nintendo: fue su guardián. Un ingeniero convertido en líder, un creativo entre ejecutivos, y un idealista que creía firmemente que la esencia de Nintendo no se podía replicar en la pantalla táctil de un smartphone.
Satoru Iwata y su negativa a los juegos móviles
En 2011, cuando la industria del videojuego comenzaba a girar irremediablemente hacia los móviles, Iwata fue tajante ante la idea de que su empresa pudiera seguir ese camino. La frase quedó grabada en la historia reciente de los videojuegos:
“Esto no está absolutamente en consideración. Si hiciéramos esto, Nintendo dejaría de ser Nintendo”.
No era una exageración ni una declaración de marketing: era una declaración de principios. Para Iwata, la fuerza de Nintendo residía en su capacidad para crear experiencias únicas, sostenidas por su propio hardware y una visión de diseño que no seguía las tendencias, sino que las creaba.
En ese momento, Iwata sabía perfectamente que lanzar juegos para smartphones habría sido una decisión rentable. Él mismo lo dijo: “Probablemente sea la decisión correcta en el sentido de que obtendríamos ganancias”. Pero también entendía que ceder a ese impulso era un atajo peligroso que podía diluir lo que hacía a Nintendo distinta, irrepetible. Por eso, su deber como presidente no era rendir cuentas al trimestre fiscal, sino proteger la competitividad a largo plazo de la compañía.
Iwata cedió antes del final
En marzo de 2015, golpeado por los malos resultados financieros y quizá también por el peso de una industria que no perdona el estancamiento, Iwata anunció algo que habría parecido impensable años antes: una asociación con DeNA, una compañía japonesa especializada en videojuegos móviles. Era un giro completo de timón. Nintendo, la empresa que por años se negó a entrar en el territorio de los móviles, finalmente lo haría. Iwata había dado su brazo a torcer.
La ironía es amarga: pocos meses después, en julio de ese mismo año, Satoru Iwata fallecería a los 55 años. No viviría para ver el impacto completo de aquella decisión, pero sí dejó un legado ambivalente. Hoy, cuando revisamos los títulos móviles de Nintendo, como Super Mario Run, Fire Emblem Heroes, Animal Crossing: Pocket Camp, Dragalia Lost, Mario Kart Tour y Pikmin Bloom, vemos una empresa que, aunque llegó tarde a la fiesta, ha sabido posicionarse con un estilo que, de alguna forma, sigue sintiéndose como Nintendo.
¿Traicionó Iwata sus principios? Es difícil afirmarlo sin matices. Más bien, parece haber entendido que su responsabilidad como líder también incluía adaptarse, aunque fuera a costa de sus convicciones más profundas. Quizá vio que su visión de Nintendo no tenía por qué desaparecer en los móviles, sino que podía transformarse, evolucionar y sobrevivir en un nuevo ecosistema. Y quizá también entendió que el peor error no era cambiar, sino dejar de ser relevante.
A casi una década de su muerte, su dilema sigue vigente. Aunque aquella frase de 2011 resuene como una advertencia, también recuerda que, incluso para alguien tan firme como Iwata, el verdadero liderazgo no siempre consiste en decir “nunca”, sino en saber cuándo decir “ahora sí”.
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